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La Crónica del juego bonito en las eliminatorias

Para nadie es un misterio que Brasil es potencia mundial del fútbol, es cuna de grandes talentos y de estrellas a nivel mundial -el caso más resaltante es Neymar-.

Brasil, vaya donde vaya, siempre es candidato para ganar un encuentro, para salir victorioso. Es significado de gran espectáculo, siempre es candidato a coronarse campeón del certamen en el que este compitiendo.

Pero para el Scratch, en estas eliminatorias no todo fue sonrisas. Después del Mundial organizado por ellos en su país y quedar eliminados por Alemania, en aquel histórico y vergonzoso partido donde cayeron 7 a 1 en el Estadio Mineirão, parecía que la verdeamarela había perdido el rumbo.

El mito del juego bonito parecía justamente eso un mito, su encanto fue desapareciendo progresivamente. El equipo parecía haber perdido la alegría, la vocación ofensiva y la habilidad que deslumbró al mundo; lo que era su máximo tesoro, su estilo. Brasil estaba en un abismo, golpeado por las frustraciones.

La llegada de Tite al mando de la selección brasileña, significó un punto de quiebre, saco del abismo a un equipo golpeado por las frustraciones y lo transformo en el líder indiscutible de las eliminatorias.

Brasil volvió a ser la selección más temida de Sudamérica. Desde que asumió Tite, el mando de la selección brasileña, esta se encuentra invicta, de los 12 partidos jugados por eliminatorias ha ganado 10 y ha empatado 2, con 31 goles a favor y solamente 3 en contra, con un promedio de goles a favor de 2,6 y en contra de 0,1. De los 41 puntos logrados en las eliminatorias 32 fueron conseguidos bajo el mando de Tite.

Tite renovó la plantilla, construyó un nuevo equipo más joven y hambriento, implantándole transparencia, excelencia y modernización, rescató del olvido el máximo tesoro de una selección, su estilo, el juego bonito al Scratch.

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