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Al Mundial de la mano de un Tigre

El miércoles 15 de noviembre, en el coloso nacional, el perfil de este argentino de 59 años que hoy ha puesto su nombre con letras grandes en esa reducida galería de leyendas deportivas que tiene el Perú. Sus lágrimas a la tribuna fueron nuestras, su humildad y serenidad para digerir el triunfo fue motivo de reflexión para todos, y todos debemos haber querido alzarlo en hombros junto a los jugadores en la intimidad del camarín tras la clasificación. Al Mundial de la mano de un Tigre.

Ricardo Gareca consiguió lo que pocos pensaban hace tan solo un año, clasificar a un angustiado país pelotero, pero poco estructurado en su competencia, a una Copa del Mundo tras 36 años de fracaso tras fracaso. El fútbol  esa panacea moderna sobre lo que parece girar todo lo demás lo encuentra hoy recibiendo el cariño de ese pueblo al que tanto aludido en sus declaraciones.

Los números de Gareca al frente de la selección peruana de fútbol son elocuentes, desde marzo del 2015, mes en el que asumió la dirección técnica ha disputado 38 partidos entre oficiales y amistosos, ha ganado 17 de estos, empatado 10 y perdido 11. En este año no ha perdido ningún encuentro. Perú pudo haber jugado bien o mal, pero no  conoció derrotas, y eso que enfrentó a selecciones grandes de Sudamérica. Quizás la región con el nivel más parejo y competitivo en el fútbol actual.

Que hizo Gareca con la selección peruana que no pudo conseguir ninguno de los entrenadores que pasaron por ese puesto desde 1987, las respuestas una vez más parecen exceder lo meramente deportivo. Hizo que el jugador peruano crea en sus condiciones, trabajó más en lo psicológico que en lo futbolístico.

Gareca sorprendió con una destacada actuación de la selección peruana en la Copa América de Chile 2015, Perú obtuvo la medalla de bronce invocando los espíritus que siempre lo acompañaron, el de buen trato al balón, toque a ras de piso, y gambeta precisa, sumándole una interesante capacidad para defender. Sin embargo las derrotas iniciales en el proceso eliminatorio lo llevaron a tomar decisiones drásticas.

Prescindió de nombre recurrentes en una selección que parecía travesar una vez más por el conocido camino de la frustración y encontró en la Copa América Centenario del 2016, el pretexto de la justificación para el cambio. Desapareció a Pizarro, a Vargas, a Zambrano, hasta el hoy reivindicado Farfán, y les dio la bienvenida a Trauco, Corzo, Flores, Tapia por decir solo algunos y repotenció a jugadores como Yotún con los que ya venía trabajando.

Ese convencimiento de la capacidad del jugador peruano era genuino en Gareca y lo expuso desde que piso suelo peruano para afrontar la responsabilidad como entrenador nacional, algo de esto lo había constatado por su paso en universitario de deportes con quien salió campeón del apertura del 2008. En criollo, Gareca les hizo entender a los jugadores que tenían que creérsela, que eran tan buenos como un argentino, un brasileño o un uruguayo y que podían rendir al máximo nivel de competencia.

Ha sabido manejar muy bien los grandes problemas de los jugadores peruanos, el corto plazismo, la inestabilidad emocional, la pobre autoestima. Logró sacar la plusvalía de los jugadores, el manejo del grupo es excepcional.

Poco a poco y sin mucho aspaviento, el ánimo colectivo y la impresión desde afuera empezaron a cambiar, ahí donde hubo condiciones laxas a la hora de entrenar, ahora había concentración y compromiso. Cambiando la cabeza del jugador peruano, lo táctico empezó a desarrollarse y encontró terreno fértil.

El histórico 4 a 1 a Paraguay en el telúrico Defensores del Chaco, las victorias en Lima a Uruguay y Bolivia, los empates a pura raza con argentina en el Nacional y la Bombonera, hasta la victoria inédita en las alturas de Quito. Una epopeya inolvidable que tuvo en Gareca el factor decisivo. Siempre celebrando con mesura para luego pedir serenidad a los jugadores, la serenidad a la hora de declarar o emitir una opinión sea el escenario que fuere, aristas de su personalidad que han comenzado a ser parte de la leyenda urbana peruana.

La Copa del Mundo de Rusia se erige como un nuevo desafío de connotaciones aun por descifrar. Cosas de la vida Gareca disfrutará de su primer Mundial junto a Perú, país al que dejó fuera de México 86, vistiendo la casaquilla de argentina en el recordado partido 2-2 en el monumental de River, pese a su decisiva participación en ese encuentro con gol. Bilardo no lo llevó al Mundial que Argentina obtuvo gracias a la magia de Diego Armando Maradona.

Perú va a su quinto mundial, esta ves de la mano de “el tigre” Ricardo Gareca, quien ha ingresado a ese altar inmaculado preservado por el sufrido hincha peruano con el que no tiene margen de error para el afecto.